Inactividad, la muerte lenta

En el año 2010, la Organización Mundial de la Salud estimó que 3,2 millones de personas mueren cada año en el mundo debido a inactividad física, convirtiéndose en el cuarto factor de riesgo más importante asociado a mortalidad[1].

 

 

De acuerdo con la misma organización, en la última década se calcula que al menos un 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud. Esto se debe en parte a que el tiempo de ocio que posee la población lo invierte en esparcimiento estático a través del uso de dispositivos tecnológicos, además de la utilización excesiva de medios de transporte “pasivos” que desalientan a los habitantes de urbes desarrolladas o en vías de desarrollo a no realizar actividad física básica.

Entre los principales factores ambientales por los cuales no se desarrolla una conducta práctica para realizar algún tipo de actividad física se encuentran la superpoblación de los espacios, incremento en pobreza y criminalidad en los entornos, gran densidad del tráfico en las ciudades, mala calidad del aire y la inexistencia de parques, aceras e instalaciones deportivas y recreativas.

 

Este incremento en el sedentarismo social se ha convertido en un potente factor de riesgo asociado al desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles y mortales como la obesidad, hipertensión, diabetes y cáncer.

 

No obstante, debemos diferenciar los conceptos  inactividad física y sedentarismo que, aunque se utilicen como sinónimos, ambos actúan de forma independiente sobre nuestra salud.

La conducta sedentaria es definida como la carencia de movimiento durante las horas de vigilia a lo largo del día y se caracteriza por actividades que sobrepasan levemente el gasto energético basal, es decir, la gente consume más energía a través de los alimentos que la que realmente utiliza o “queman” mediante sus actividades físicas diarias. De esta forma, personas que miran televisión, pasan sentados más de 5 horas seguidas al día o permanecen mayormente recostados son consideradas como personas sedentarias.

En contraparte, la inactividad física se define como el no cumplimiento de las recomendaciones mínimas internacionales de actividad física para mantener la salud en la población. Estas recomendaciones van desde realizar 30 minutos de caminata diaria hasta practicar un deporte con una regularidad de tres veces a la semana. A este sector de la población se les consideran inactivamente físicos aun cuando cuenten con alguna actividad de intensidad moderada como subir y bajar escaleras, limpiar la casa, bailar, entre otras.

 

La OMS señala que la actividad física no debe confundirse con el ejercicio, pues éste es una variedad de movimientos planificados, estructurados, repetitivos y realizados con un objetivo relacionado a la mejora o mantenimiento de uno o más componentes de la aptitud física.

 

Es importante esta diferenciación pues gracias a ésta, los especialistas en la salud pueden desarrollar estrategias, dietas y planes de ejercicios que permitan reducir los altos niveles de padecer diabetes, hipertensión, colesterol alto o cáncer si se continúa con un estilo de vida sedentario o de poca actividad física.

Existen varias prácticas simples que se pueden aplicar en la vida diaria para evitar el sedentarismo, como caminar cada vez que tengas la oportunidad, estacionar el auto no tan cerca de tu destino temporal, escoger las escaleras mecánicas en lugar de las eléctricas o el elevador, jugar con tus hijos o tus mascotas en algún parque, evitar aparatos nocivos que reemplazan la actividad física, moverte de un lado a otro cuando hables por teléfono celular o levantarte para llevar documentos y mensajes a tus colegas en la oficina en lugar de utilizar las extensiones telefónicas y correos internos.

 

El secreto para desarrollar un hábito físico saludable es buscar actividades físicas que disfrutes, bailar, nadar, andar en bicicleta, trotar, todo aquello que implique movimiento y esfuerzo es un gran aliciente, siempre y cuando reconozcas los límites de tu cuerpo, por ello es importante una evaluación médica antes de crear tu propia rutina de ejercicios, esto es para  evitar problemas por las actividades excesivas o conductas inapropiadas.

El hecho de que una persona pase de inactiva a moderadamente inactiva reduce el riesgo de muerte prematura entre 16 a 30%. La práctica actividad física unos pocos minutos al día puede tener beneficios para la salud.

Para evitar el riesgo de lesiones se debe comenzar con actividades de bajo impacto, después de haber trotado el primer día, lo mejor que se puede hacer es descansar al día siguiente. Por lo que es necesario realizar una adaptación muscular, articular y del corazón, con una caminata ligera y así aumentar gradualmente la actividad.

Recuerda que el cuerpo humano está diseñado para estar en movimiento y no puedes ir en contra de esa premisa. Lo ideal, en la medida de tus necesidades, es que combines ejercicios aeróbicos con tonificantes, ya que juntos te ayudarán a perder peso evitando la flacidez muscular.

 

 

 

 

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Fuente:  Artículo “Global health risks: mortality and burden of disease attributable to selected major risks”. Organización Mundial de la Salud, 2009; pg. 11.
[1] Artículo “Global health risks: mortality and burden of disease attributable to selected major risks”. Organización Mundial de la Salud, 2009; pg. 11.